El girasol, una planta que ha cautivado al mundo con su radiante belleza, tiene un origen sorprendente: ¡es una flor mexicana!

El nombre científico del girasol es Helianthus annuus, y pertenece a la familia Asteraceae. Además de ‘girasol’, también es conocido como flor de sol, maíz de Texas y gigantón. En lenguas indígenas, los nahuas lo llamaban chimalatl (escudo) o chimalxóchitl (flor de escudo), mientras que en la región otomí de Hidalgo se le conoce como yendri.
El nombre ‘girasol’ proviene de su característica de orientarse hacia el sol –un fenómeno llamado heliotropismo– para captar y aprovechar al máximo su luz.
Además de su peculiar movimiento, el gigantón destaca por su imponente tamaño y los vibrantes colores de sus pétalos, que pueden variar entre amarillos, marrones e incluso tonos anaranjados.
Es este llamativo conjunto de forma, tamaño y color lo que hizo que, tras su adopción en España, el girasol conquistara al mundo. Así, no solo se utilizó como flor ornamental y alimento, sino que también inspiró a renombrados artistas.
Durante mucho tiempo se creyó que el girasol era originario del norte de México y el sur de Estados Unidos, pero nuevas evidencias arqueológicas en Tabasco y Morelos indican que su origen se encuentra en el centro de México. Excavaciones revelaron antiguas semillas de girasol y documentos virreinales, como los escritos de Sahagún y Hernández, confirmaron su presencia en la época prehispánica. Incluso en el Códice Ixtlilxóchitl, Nezaualpiltzintli aparece sosteniendo un chimalatl. Además de su valor simbólico, el girasol se usaba para recibir a deidades y sigue siendo apreciado por sus propiedades medicinales y nutritivas.

